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A la mañana siguiente

  Era una mañana más de las muchas mañanas de domingo que llevaba viviendo últimamente. Se despertaba sola en la cama de un extraño o quizá en algún hotel cercano a donde había estado de fiesta. Esa era la rutina que la perseguía cada fin de semana. Alcohol y sexo, sexo y alcohol. Hombres que la tocaban por todas partes, que la deseaban como nunca habían deseado a nadie, o eso era lo que la decían. Las mentiras que cada sábado noche se creía porque se sentía vacía, se sentía sola. Sábados noche de cuerpos desnudos y sudorosos uniéndose de las mejores maneras posibles, el placer que inundaba la habitación, el deseo que hacia arder las sabanas de la cama. Pero luego, nada. Luego nunca había nada más. El éxtasis se acababa, la adrenalina dejaba de sobrecargarse volviendo a sus niveles normales y la habitación volvía a estar vacía, como ella. Abría los ojos ante una mañana nueva en la que todo volvía a ser como antes de tomarse la primera copa, como antes de dejarse envolver por la m...

El verano en el que todo cambió

Aquel verano en el que todo cambió para mí, en el que los colores se tornaron más intensos, en el que el calor del verano era sofocante, en el que los días de piscina se me hacían cortos, en el que el olor a verano no desaparecía de nuestras pieles tostadas por el caliente sol. Aquel verano en el que no solo te conocí a ti, sino que conocí un millón de sensaciones nuevas que creía que ya conocía. Buenas y malas, todas juntas, acompañadas como hermanas. Un verano en el que el amor jugó sus cartas poniéndonos a ambos en la misma baraja para que nos encontrásemos en el camino de aquellos días soleados, y vaya si nos encontramos. No volvimos a separarnos. Conocí lo que era el amor a primera vista, y es que el cosquilleo que se arremolinó en mi estómago haciendo que mi pecho bombease con fuerza no me lo había provocado nadie más, o quizá sí, pero no con la misma intensidad. Una intensidad que sentí cuando tus ojos verdes conectaron con mis azules, cuando creamos el agua marina y vimos el ...

Aguadillas

Todavía recuerdos aquellos momentos en los que los problemas eran menos, en los que todo lo que se nos echaba encima sin parar, conseguíamos quitárnoslo y seguir adelante. Como echo de menos aquellos días. Días en los que tu única preocupación era ser el primero en la fila para entrar a la escuela, en los que encontrarse un trébol de cuatro hojas realmente te daba suerte, en los que tus seres queridos no estaban mitigando tu estado continuamente. Tiempos de niñez, de correr con los pies descalzos, de llevar las rodillas llenas de postillas a medio quitar porque éramos demasiado salvajes (o eso pensábamos). Ahora, hoy en día echo de menos todas aquellas cosas, porque si hubiese sido un poco más lista, un poco más rápida, un poco más eficiente quizá no estaría contando esto, sino que estaría divirtiéndome. O quizá, solo siendo feliz. Los problemas me persiguen uno detrás de otro y yo corro, corro veloz todo lo más rápido que puedo, pero siempre me alcanzan. Me agarran del cuello desd...

FAMILIA MARAVILLOSA

Toda la vida nos han repetido que debemos alejarnos de aquellas personas que nos dañan, que hacen que nos sintamos menos que los demás, que nos juzgan sin parar, sin tener en cuenta      que sus palabras puedan herirnos por dentro de una manera corrosal.   Nos decían que nosotros n o merecíamos todas aquellas palabras que esas personas nos decían, que las críticas que soltaban con sus venenosas lenguas no eran más que el reflejo de su propia envidia hacia lo que nosotros éramos. Aseguraban que nos atacaban allí donde nos podría doler más porque eran nuestros puntos débiles, pero que nosotros, nosotros no debíamos escuchar sus hirientes palabras, que siempre teníamos que levantarnos y seguir adelante. Sin embargo, cuando creces esa gente que te perseguía con insultos y frases provocadas para causar dolor te das cuenta de que están en tu propia casa, en tu propio hogar. Esas personas de las que siempre has deseado escapar, viven contigo, comen contigo, ven la te...

El castigo de la Luna

La luz que entraba por la ventana de la habitación iba menguando a medida que el anochecer iba apareciendo. Me parecía mágico aquel hecho que sucedía día si y día también, como el Sol daba paso a la Luna para que fuese ella la que brillase, para que tuviese su delicioso momento. La noche se cernía sobre nosotros con ella como foco principal de nuestros cuerpos enredados en la cama. Las estrellas nos miraban curiosas a través de la ventana, deseosas de saber qué era eso que los humanos llamábamos amor. Ellas habían oído la leyenda del Sol, de la Luna, de los dos amantes que solo se encontraban una vez al día, pero no sabían más allá de eso. Sin embargo, desde allí, desde aquella cama con las blancas sabanas revueltas alrededor de nuestros pies, aprendieron. Nos miraban mientras nuestras bocas se unían en una danza que no perdía el ritmo, salvo cuando el aire nos pedía parar, pero pronto volvíamos a enlazarnos en un Vals. Nos bebíamos el uno al otro con nuestros labios, bebía su am...

Tu nombre ya no sale en mis cuadernos

Las flores empiezan a salir creando un paisaje colorido, un paisaje que ha transformado el verde en miles de tonos de colores diferentes. Colores que hacía tiempo que creía que ya no volvería a ver porque en mi retina se había quedado grabado el verde de tus ojos. Pero ha llegado la primavera, dando la despedida a un otoño frío y triste en el que aún estaba tu recuerdo. Un recuerdo que me perseguía constantemente, allí donde mirase veía tus ojos, tu mirada traviesa, ese pícaro brillo que siempre te acompañaba cuando me mirabas. Ahora ya no queda nada, ya no veo tus ojos en ninguna parte, tu recuerdo se ha marchado con el otoño. La primavera ha comenzado y con ella una nueva página de nuestra historia, una historia en la que no ha habido más que dolor y lágrimas. Pero ahora, ahora ya no estas. Tu nombre ya no sale en mis cuadernos, ya no me atormenta por las noches porque ya no queda nada. Atrás han quedado todos aquellos días en los que luchaba por no hablarte, por no mandarte un...
No sé cuánto tiempo había pasado desde la última vez que nos vimos, que nos vimos de verdad. La última vez que un beso había acompañado a nuestras despedidas. El roce de tu piel con la mía, nuestra piel. Pero hoy te he vuelto a ver. Allí estabas esperándome en nuestro lugar, ese que tantas veces nos había visto compartir secretos. El mismo peinado con los rizos rebeldes cayendo por tu frente; y aquel puñetero cosquilleo que sacudía mis dedos por apartarlos, por tocarlos, por sentirte a ti de nuevo. Los mismos ojos en los que una vez me había perdido y tú me habías rescatado. Aquella boca que me había susurrado tantas cosas que aún se me erizaba la piel al recordarlas. Con aquellos labios que había mordido tantas veces, con pasión, con deseo, con rabia; pero sobre todo con amor. Intenté ser fuerte, mantener la compostura. Me había mentalizado a mí misma durante el camino con palabras de ánimo porque no podía volver, no podía volver a permitirme caer. Necesitaba mantenerme distant...