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EQUIPAJE

  Cada persona tiene su historia, su mochila a la espada, una maleta de ruedas que quizá a veces pesa más de la cuenta. El día que te vi empujando aquella pequeña maleta mi mundo dio un revés, un revés en el que se imaginó haciendo hueco a aquella viaja maleta. Era cuadrada, de un viejo color verde con las ruedas desgastadas. Llevabas demasiado tiempo tirando de ella llevándola a cualquier lugar en el que fueses, a cualquier lugar en el que te permitiesen abrirla. Y a mí no me importó hacerlo. Ambos giramos la llave con fuerza para abrir la oxidada cerradura, con fuerza, con ímpetu, con decisión. Habían encontrado a quien al fin había aceptado aquello que cargabas a tu espalda, aquello que te asustaba desde que la oscuridad empezó a asfixiarse con fuerza por las noches. La maleta se abrió dejando al descubierto todas tus emociones, como un libro abierto, como una ventana sin cortinas. Allí estaban tus miedos, tus gustos, tus sentimientos. Todo aquello que te había hecho reír,...

ACANTILADO

  Me deslizo entre las sábanas que abrazan mi cama esperando que él también esté para abrazarme. Las sábanas se enredan entre mis piernas cuando desearía que fuesen sus piernas las que se enredaran. Noto su olor entre ellas, aquel olor que inundó mis fosas nasales desde el primer día, que me recordaba a las tardes de verano, a los días soleados en las que te brillaba la cara. Están todas revueltas desde que se ha marchado siendo una prueba de los pecados cometidos en ellas, de los delitos de amor o de odio que se cometieron en ellas. Las almohadas están descansando en el suelo, salvo una de ellas, la más pequeña. Siempre la más pequeña para poder estar a centímetros de nuestros labios, para poder besarnos cuando el corazón lo gritase con fuerza y vaya si lo gritaba. Como un loco enamorado, como un desquiciado en un acantilado antes de tirarse de cabeza. Y se tiró, se tiró ofreciéndolo todo sin imaginar que eran las rocas las que esperaban en el fondo. Unas rocas que se han adueñado...

Él sí lo supo

Mucho antes de saber lo que era esto que siento en mi pecho cuando estás aquí, yo ya había comenzado a observarte. Te observaba sin ni si quiera pretenderlo, sin quererlo, pero no podía apartar mi mirada de ti. Mi corazón danzaba como loco intentando escapar de mi pecho para refugiarse en el tuyo. Mucho antes de saber lo que era esto que siento en mi pecho cuando estás aquí, él ya sabía que tú eras la razón.

Los eternos olvidados

  Hoy vengo a hablar de los eternos olvidados. Aquellos que nadie menciona ni en revistas, ni en artículos, ni en telediarios. Aquellos que lo están pasando bastante mal con el caos de la nueva normalidad, una nueva normalidad que ha sacudido sus vidas como un tornado en Kansas. La nueva normalidad no solo ha traído geles hidroalcohólicos y mascarillas a nuestras vidas, sino que también ha traído depresiones, soledad, sentimientos malos que se nos están arraigando con fuerza en el pecho. Muchos estudiantes se están viendo perjudicados por las nuevas situaciones que estamos obligados a aceptar, mientras que en los telediarios y en cualquier lugar informativos nos nombran con adjetivos que culpabilizan a toda nuestra generación por los nuevos casos de contagios, por las nuevas medidas drásticas que los gobiernos de las comunidades están tomando. Sin embargo, ya nos hemos cansado de callar, de ver cómo nos señalan con el dedo por querer tomar el aire después de una larga jornada...

A la mañana siguiente

  Era una mañana más de las muchas mañanas de domingo que llevaba viviendo últimamente. Se despertaba sola en la cama de un extraño o quizá en algún hotel cercano a donde había estado de fiesta. Esa era la rutina que la perseguía cada fin de semana. Alcohol y sexo, sexo y alcohol. Hombres que la tocaban por todas partes, que la deseaban como nunca habían deseado a nadie, o eso era lo que la decían. Las mentiras que cada sábado noche se creía porque se sentía vacía, se sentía sola. Sábados noche de cuerpos desnudos y sudorosos uniéndose de las mejores maneras posibles, el placer que inundaba la habitación, el deseo que hacia arder las sabanas de la cama. Pero luego, nada. Luego nunca había nada más. El éxtasis se acababa, la adrenalina dejaba de sobrecargarse volviendo a sus niveles normales y la habitación volvía a estar vacía, como ella. Abría los ojos ante una mañana nueva en la que todo volvía a ser como antes de tomarse la primera copa, como antes de dejarse envolver por la m...

El verano en el que todo cambió

Aquel verano en el que todo cambió para mí, en el que los colores se tornaron más intensos, en el que el calor del verano era sofocante, en el que los días de piscina se me hacían cortos, en el que el olor a verano no desaparecía de nuestras pieles tostadas por el caliente sol. Aquel verano en el que no solo te conocí a ti, sino que conocí un millón de sensaciones nuevas que creía que ya conocía. Buenas y malas, todas juntas, acompañadas como hermanas. Un verano en el que el amor jugó sus cartas poniéndonos a ambos en la misma baraja para que nos encontrásemos en el camino de aquellos días soleados, y vaya si nos encontramos. No volvimos a separarnos. Conocí lo que era el amor a primera vista, y es que el cosquilleo que se arremolinó en mi estómago haciendo que mi pecho bombease con fuerza no me lo había provocado nadie más, o quizá sí, pero no con la misma intensidad. Una intensidad que sentí cuando tus ojos verdes conectaron con mis azules, cuando creamos el agua marina y vimos el ...

Aguadillas

Todavía recuerdos aquellos momentos en los que los problemas eran menos, en los que todo lo que se nos echaba encima sin parar, conseguíamos quitárnoslo y seguir adelante. Como echo de menos aquellos días. Días en los que tu única preocupación era ser el primero en la fila para entrar a la escuela, en los que encontrarse un trébol de cuatro hojas realmente te daba suerte, en los que tus seres queridos no estaban mitigando tu estado continuamente. Tiempos de niñez, de correr con los pies descalzos, de llevar las rodillas llenas de postillas a medio quitar porque éramos demasiado salvajes (o eso pensábamos). Ahora, hoy en día echo de menos todas aquellas cosas, porque si hubiese sido un poco más lista, un poco más rápida, un poco más eficiente quizá no estaría contando esto, sino que estaría divirtiéndome. O quizá, solo siendo feliz. Los problemas me persiguen uno detrás de otro y yo corro, corro veloz todo lo más rápido que puedo, pero siempre me alcanzan. Me agarran del cuello desd...