EQUIPAJE
Cada
persona tiene su historia, su mochila a la espada, una maleta de ruedas que
quizá a veces pesa más de la cuenta.
El día que
te vi empujando aquella pequeña maleta mi mundo dio un revés, un revés en el
que se imaginó haciendo hueco a aquella viaja maleta. Era cuadrada, de un viejo
color verde con las ruedas desgastadas. Llevabas demasiado tiempo tirando de
ella llevándola a cualquier lugar en el que fueses, a cualquier lugar en el que
te permitiesen abrirla. Y a mí no me importó hacerlo. Ambos giramos la llave
con fuerza para abrir la oxidada cerradura, con fuerza, con ímpetu, con
decisión.
Habían
encontrado a quien al fin había aceptado aquello que cargabas a tu espalda,
aquello que te asustaba desde que la oscuridad empezó a asfixiarse con fuerza
por las noches. La maleta se abrió dejando al descubierto todas tus emociones, como
un libro abierto, como una ventana sin cortinas. Allí estaban tus miedos, tus
gustos, tus sentimientos.
Todo
aquello que te había hecho reír, pero que también te había hecho llorar. Lo
abracé todo sin dudar, una sensación de seguridad empezó a invadir todo su
cuerpo. Habías andado un largo camino con todo eso a cuestas, y ahora, ahora tenías
con quien compartir el peso con quien avanzar sin preocuparte por tu equipaje.
Ambos
cargábamos nuestras maletas a la espalda. Ocupaban espacio, se chocaban entre
ellas, se rozaban, se arañaban, se pegaban. Nos dificultaban el camino, el
avance con el que habíamos soñado juntos, pero no podíamos deshacernos de
ellas. Ellas formaban parte de nosotros y nosotros de ellas.
Pero
entonces, un día caminando por la calle vimos aquel escaparate, aquella tienda
en la que rápidamente entramos. Juntamos mis cosas con las tuyas, las tuyas con
las mías. La maleta era más grande, pero era nuestra. Tú la llevarías cuando yo
no pudiese, yo la llevaría cuando pesase demasiado.
El día que
te vi con aquella vieja maleta, tan guapa y tan esbelta me enamoré de ti y de
ella. Sin embargo, cuando voy a tu lado y miro hacia atrás, hacia nuestra
maleta te cojo de la mano y deja de pesar.
Te cojo de
la mano y puedo respirar.
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