Las caras de una moneda



La mujer se arreglaba frente al espejo de su habitación, se retocaba el pintalabios, aquel que a su marido tanto le gustaba. Se había vestido con sus mejores galas, con la lencería más sexy y con el vestido más elegante. Quería impresionarle, quería hacerle ver que aun que hubiesen pasado veinte años, ella seguía amándolo como cuando eran unos críos. Como cuando el amor era algo fácil.
Mientras tanto en la otra punta de la ciudad, su marido disfrutaba entre las largas piernas de otra mujer. Gimiendo, besando, deseando; y olvidando. Olvidando que un corazón que bombeaba de amor por él, le esperaba en casa. Olvidando todas aquellas promesas que se habían hecho cuando eran críos. Olvidando que el amor era cosa de dos. Olvidando todos aquellos años juntos.

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