Has vuelto después de todo el dolor que tuve que soportar tras tu pérdida. Has vuelto después de todo el daño que causaste. Has vuelto después del caos en el que se convirtió mi vida. Te fuiste un día sin que nadie te lo pudiese, más bien te supliqué que te quedaras, que no me dejases sola frente a este mundo. Pero te marchaste, te fuiste sin mirar atrás, sin pensar en las consecuencias de tu huida. 
No hubo día en el que mi corazón no te echase de menos. Mi cabeza me pedía que siguiese adelante, pero este no quería. Hubo noches en que mi corazón lloraba mientras mi cabeza consolaba un dolor del que tu eras el causante. Aquellas noches, derivaban a días grises en los que más ojeras fueron el mejor complemento para la tristeza que sucumbía en mi interior. Los días se me hacían enteros porque mirase donde mirase, allí estabas tú. Te encontraba en todas partes. En las paredes de la habitación. En los programas del televisor. En las comidas con nuestros amigos. En todas partes.  
Había días en los que me sentía fuerte para salir de toda aquella oscuridad que se cernió sobre mi tras tu marcha. Esos días, eran los peores porque pensaba que al fin había dejado de llorarte, pero entonces, algo me recordaba a ti y caía de nuevo. Caía como si te hubieses marchado ese mismo día, como si el día anterior aún te hubiese tenido entre mis brazos.  
Cuando me di cuenta de que no ibas a volver, acepté que tenía que seguir, que debía salir adelante, por mi. Empecé a recoger las cosas que habías dejado en mi piso. Tarde días ya que todo aquello me rompía aún más el corazón, pero al final conseguí meterlo todo en una caja. Al principio, me costó cerrarla, la mantenía abierta en una esquina del salón y me torturaba. Me torturaba contemplarla porque allí se encontraba toda nuestra historia. Todo lo que una vez habíamos sido. Con el tiempo, me atreví a cerrarla y me entristecí porque era el momento de olvidarte.  
No lloré, mis lágrimas se habían agotado con el tiempo. Ya no quedaba nada por lo que llorar. Empecé a sonreír más, aún que todavía había noches en las que te soñaba. Estabas aquí, conmigo, y me abrazabas mientras jurabas que no te irías nunca. Y entonces, me despertaba gritando porque sabía que aquello no era cierto.  
Ahora has vuelto, cuando creí que jamás lo harías. Mi corazón consiguió recuperarse y mi cabeza le perdonó por haber tenido que tomar el mando. La guerra entre los había acabado, como la guerra de sentimientos que había estado teniendo lugar en mi interior. Después de que te marchases, lo pasé mal, hubo veces en que creí no soportar el dolor. Pero conseguí aguantar y dejar de quererte. Pero sabía que jamás conseguiría olvidarte. Aún así, ahora has vuelto, pero está vez, mi corazón no quiere escucharte.  

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