Nuestro momento

Si tuviese que elegir un momento donde quedarme a vivir – sin duda –, sería nuestro primer beso. No había sentido nunca aquello que me atravesó por dentro, hasta que sus labios se juntaron con los míos. Recuerdo como mi boca descendía a cámara lenta hasta la suya. Su cuerpo se amoldaba al mío, desde el primer instante encajábamos a la perfección. Sus labios eran cálidos y suaves, más suaves de lo que me había imaginado mientras la observaba. Me sentía acojonado por la emoción que inundó mi pecho al tenerla entre mis brazos, al notar su olor, su color, su tacto. Ahuequé las manos en sus mejillas, esperando a que me diese permiso para zambullirse en su boca con la lengua.
Ella se mostraba exultante, dulce y receptiva, de la misma forma que sus labios se mostraban suaves y decididos mientras bailaban sobre los míos. Mis manos ardían por exponerla. Sin embargo, era la primera vez que habíamos aquello. No quería asustarla, ni después de lo asustado que me sentía yo. Todo me daba vueltas mientras el deseo crecía entre nosotros. Veía en sus ojos todo lo que quería decirme, todas aquellas palabras que se nos atascaban en la garganta mientras el mundo caía a nuestro alrededor.
Era nuestro primer beso, pero solo era un acto ente los labios. fue el comienzo de todo y a la vez el final. Hubo más besos, muchos más, pero unido a los comienzos siempre acudían los finales. Un momento que nos llevó lejos al uno del otro. A pesar de que parecía que solo hubiesen pasado unos segundos desde nuestro primer beso. Desde la primera vez que supe que te pertenecía, que era tuyo, que mi corazón se encontraba entre tus manos.
Escogería entonces, nuestras primeras caricias con la lengua y me quedaría allí viviendo, arropado en el calor de ese instante. No queriendo avanzar para que nunca terminase.


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