Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2024

Ya hay alguien esperándote

  Había construido un muro que se mantenía con los cimientos de las mentiras, que se sostenía a base de ojos vacíos y helados. Se derrumbó cuando nos conocimos. Desapareció cuando capté tu silueta aquella primera vez ante mi retina. Mis ojos susurraban que no podía ser verdad que aquella realmente fuese la primera vez que nos vimos. Mis ojos, mis latidos, m piel te reconocería en un mundo lleno de extraños. Escuché tu voz, misteriosa, atrayente, entre las miles de voces que nos rodean cada día. Me fascinó de una manera que no reconocí. Como si tu tono, tu melodía hubiese sido creada expresamente para mí. Aquel día, cuando fui consciente de que estabas, de que existías, no pare de pensar en ti en quien eras, en quien era esa mujer que había revolucionando todo. También me comía la cabeza, deseando, rezando, suplicando que todo lo que sentí, lo que siento, fuese reciproco. Que tu estuvieras como yo. Deseosa de conocerme. Convencida de que era yo y solo yo. He estado dando pasos h...

Anhelo y olvido

  Aún amanezco muchos días en donde se desbordan las ganas de volver a ti, de buscarte en cada rincón, de discutir con mis adentros para que acepten todas y cada una de las razones por las que valdría la pena intentarlo una última vez. Las noches de domingo se hacen largas, esperándote, fantaseando que aparezca una señal que indique que tu también anhelas mi presencia, que no consigues olvidarme, que esperas que llame a tu puerta. La debilidad se apodera de mi ser cuando se trata de ti. La distancia como antídoto para dejar de hacernos daño, todavía duele, todavía sangra. Sigo pensando en aquella versión de ti, aquella que me hipnotizó, que me cegó, pero que se ha acabado desvaneciendo con el tiempo. Ya no existe aquella dulce persona que sabía cuando estar, cuando quedarse, cuando callar. Te fuiste marchitando como una flor con el final de la primavera. Se te caen las capaz como a una rosa sus rojos petaos. Perdías la careta cada vez que las cosas se volvían difíciles. Cuando má...

Nuestro momento

Si tuviese que elegir un momento donde quedarme a vivir – sin duda –, sería nuestro primer beso. No había sentido nunca aquello que me atravesó por dentro, hasta que sus labios se juntaron con los míos. Recuerdo como mi boca descendía a cámara lenta hasta la suya. Su cuerpo se amoldaba al mío, desde el primer instante encajábamos a la perfección. Sus labios eran cálidos y suaves, más suaves de lo que me había imaginado mientras la observaba. Me sentía acojonado por la emoción que inundó mi pecho al tenerla entre mis brazos, al notar su olor, su color, su tacto. Ahuequé las manos en sus mejillas, esperando a que me diese permiso para zambullirse en su boca con la lengua. Ella se mostraba exultante, dulce y receptiva, de la misma forma que sus labios se mostraban suaves y decididos mientras bailaban sobre los míos. Mis manos ardían por exponerla. Sin embargo, era la primera vez que habíamos aquello. No quería asustarla, ni después de lo asustado que me sentía yo. Todo me daba vueltas mie...

Tal vez no muera hoy de amor

  Tal vez no te querré igual que las otras veces que quise a alguien, tal vez esta vez no sienta los fuegos artificiales cuando me beses, ni las mariposas revoloteando por mi estómago. Quizá no muera por no llamarte, por no tener noticias constantes sobre ti, sobre cómo estás, sobre dónde estás. Es cierto que ya no me emociono fácilmente con las promesas y los planes de futuro, que ya he visto marchar a otros y creer que moriría de tristeza, pero no ocurrió. Ya no quiero ningún título, ni nada con lo que llamarte para verificar que eres mío, porque no lo eres, no quiero que lo seas, pero aprendí que, por encima de todo, uno cuida lo que no quiere perder, y yo no quiero perderte. Todavía no sé si eres el amor de mi vida o si yo soy el tuyo, si dentro de unos meses o quizá unos días terminarás siendo otro puñal en el corazón. Alomejor, más adelante, borramos las fotos que nos hicimos, los comentarios que me escribiste, los recuerdos que hemos creado. Tal vez no pueda prometerte un ...

El juego

  Contaste historias sobre venerar mi cuerpo, sobre bañarle de besos y caricias; me hiciste pensar, creer que llenarías el hueco de mi pecho. Ese hueco que te había estado esperando tiempo, demasiado tiempo. Cuidarías mi pertenencia más valiosa, ese órgano que se aceleraba con tu presencia, con sentir tu aroma. Yo te creí, quise creerte, dejé que me engañaras, que me sedujeras, que inhibieras mis pensamientos racionales. Aquellos que gritaban desesperados que no te escuchaste. No quise darles voz, me dejé llevar por el ritmo de tus palabras. Jugué a tu juego, bailé tu baile. Una danza que comenzó caliente y pensé que duraría hasta que nuestros pies sangrasen. Pero lo único que terminó sangrando fue mi corazón cuando te marchaste. Llenaste mi cabeza de promesas, de imágenes de nosotros, de lo que éramos, de lo que supuestamente seríamos. Me vendiste una historia de ficción en la que tu mano siempre agarraba la mía, en la que mi cabeza descansaba sobre tu pecho por las noches. Fuer...