Nuestros pies

 

Nos encontrábamos en la cama, cada uno en su lado de aquel enorme colchón, agotados, cogiendo aire. Un aire que hacia unos minutos se nos había escapado entre suspiro y suspiro, entre gemido y gemido. Escuchaba tu respiración, tranquilizándose, calmándose mientras que mi mano poco a poco se posaba en tu pecho. Mi cuerpo ardía sin tu contacto y se calmaba con tu piel.

El silencio nos acompañaba mientras la luna se colaba por las rendijas de las ventanas. Su luz reposaba en nuestras piernas, en nuestros pies. Los teníamos unidos, entrelazados porque aunque el calor nos había llevado al éxtasis, separarse no entraba en nuestros planes.

Yo te quería cerca.

Tú me querías cerca.

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