Mi cabeza me traiciona, me engaña. Por las noches me hace creer que estas aquí, que sigues a mi lado, que no te fuiste; pero entones me despierto y veo la cama vacía, fría, sin deshacer. Entonces, me doy cuenta de que no solo el corazón te echa de menos, que también la cabeza que no deja de imaginarte, que no deja de recordarte. Le pido que deje de traerte por las noches, que no es vida despertarse buscando algo que hace mucho que se fue; pero no me hace caso. Te recuerda noche tras noche, y mi corazón se ilusiona creyendo que aquellas ilusiones son verdad. Pero luego, cuando amanece, llora desconsolado buscándote entre las sabanas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya hay alguien esperándote

Las caras de una moneda