Efímeras


Las gotas de lluvia resbalaban por los grandes ventanales dejando un pequeño rastro tras su paso, antes de extinguirse. En ese momento entraba mi madre, llevaba puesto un vestido negro con la mirada triste. Sabía que había llegado el momento de bajar al comedor y recibir a los invitados, me aparté de la cristalera, no sin antes echar un último vistazo al ventanal.
Mucha gente llenaba nuestro gran comedor, a la mayoría de ellos nunca les había visto con mi padre; pero mi madre me había dicho que eran amigos, conocidos, compañeros de trabajo, etc. Yo me acerqué a la abuela que lloraba por la pérdida de su hijo, me abrazó como si no hubiese mañana, mientras sus lágrimas humedecían mi vestido. Yo no estaba triste, sabía que echaría de menos a papá, pero también sabía que le recordaría en cada momento de lluvia, porque esos eran nuestros días favoritos. Él me había dicho que nosotros éramos como aquellas gotas, efímeros.


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