La culpa no fue mía

No era más que un niño bonito, un chico que conseguía que todas las mujeres cayeran a sus pies. Él despertaba miradas allá donde fuese. Nunca creyó que se hubiese fijado en ella, su belleza y su clase la hacían sentir insegura, cosa que el nunca remedió. Ella se calmaba así misma y se torturaba ocultando a los demás aquellos miedos, porque sabía que a él no le gustaban aquellos numeritos. Decía que eran de niña pequeña, que debía comportarse como una mujer.
El día que se marchó de su vida con la excusa de que no encajaba en ella, se sintió culpable. Rememoró todos y cada uno de los momentos que habían compartido en aquella tortuosa relación. Se culpó durante mucho tiempo el que aquel hombre ya no estuviese a su lado, creyó morir por tener el corazón roto. Se miraba en el espejo y solo veía todas aquellas faltas que él había ido contando. Se creía desdichada por haberlo perdido, haberlo dejado escapar de entre sus manos por su forma de ser, de actuar, de querer.
Un día toda aquella nebulosa de culpabilidad que se mecía sobre su cabeza se desvaneció. Un día despertó dejando de sentirse culpable y repasando su vida con él y sin él. Se dio cuenta que debajo de aquella máscara de atractivo no había más que un frío hombre que la había manejado durante meses. Se dio cuenta de que no había nada malo en su forma de ser, ni de actuar; y mucho menos, en su forma de querer. Porque ella quería con todo, se lanzaba a la piscina de cabeza entregando corazón, alma y cuerpo a la vez. Pero él había cogido todo lo que ella le había regalado y lo había maltratado hasta el punto de que creyó que no estaba bien querer así. Pero ahora sabía, que había sido él el que nunca supo quererla, nunca supo verla más allá de los malditos estereotipos que se había impuesto en su cabeza.
Le dolió saber que aquel hombre vivía en un mundo triste que el mismo se había creado, pero con el tiempo también se sintió reconfortada de que la hubiese echado de su vida. Le agradeció que lo hubiera hecho, porque así ella podía querer a alguien que realmente valorara lo que le estaba regalando.

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