Congelado corazón

El frío calaba mis huesos haciendo que mi cuerpo temblase, pero sabía que no era debido a la llegada del invierno, si no a su ausencia. A la falta de su calor, aquel calor con el que cubría mi cuerpo calentándolo ya no estaba, se había ido. Un día me había despertado y el frío que me había rondado tanto tiempo, había vuelto a mi, a apoderarse de mi cuerpo.
Había pasado tiempo y cada día me congelaba más el corazón, ya no sabía si le echaba de menos a él o al calor. Quizá era todo un conjunto, porque sabía que él era el que había hecho que volviese el calor y el que había traído al invierno consigo tras su marcha. Me había dejado en la época más fría, en la que las hogueras ya no calientan como antes, en las que las mantas nunca son suficientes, en la que en unos brazos podías encontrar el bienestar.
Se había marchado y ya nada calentaba mis huesos. Había llegado el frío, y con él se congelaba mi corazón. 

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