Tu vida se resumía en trabajar, en conseguir tus metas, en lograrlo todo. En ser el mejor. No tenias tiempo para más, para nadie más. No cabía nadie más, no había sitio para más, no había sirio para mí. Pero, yo ya te había hecho hueco en mis cajones, yo ya había hecho hueco en mi corazón. Un hueco que te negaste a rellenar, un hueco que sigue esperando a que lo completes.
Has vuelto después de todo el dolor que tuve que soportar tras tu pérdida. Has vuelto después de todo el daño que causaste. Has vuelto después del caos en el que se convirtió mi vida. Te fuiste un día sin que nadie te lo pudiese, más bien te supliqué que te quedaras, que no me dejases sola frente a este mundo. Pero te marchaste, te fuiste sin mirar atrás, sin pensar en las consecuencias de tu huida. No hubo día en el que mi corazón no te echase de menos. Mi cabeza me pedía que siguiese adelante, pero este no quería. Hubo noches en que mi corazón lloraba mientras mi cabeza consolaba un dolor del que tu eras el causante. Aquellas noches, derivaban a días grises en los que más ojeras fueron el mejor complemento para la tristeza que sucumbía en mi interior. Los días se me hacían enteros porque mirase donde mirase, allí estabas tú. Te encontraba en todas partes. En las paredes de la habitación. En los programas del televisor. En las comidas con nuestros amigos. En todas partes. ...
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