Insuficiente. Una palabra de doce letras, seis vocales y seis consonantes. Una palabra que puede destruir a alguien. Una palabra que se repite en mi cabeza desde que te fuiste. Desde que decidiste marcharte buscando nuevos horizontes que te llenasen, que te hiciesen sentir completo. Como yo no era capaz de hacerlo. Sé que me avisaste, que me advertiste de que tu vida era el uniforme, de que tu vida era tu trabajo; pero yo decidí no escucharte, no hacerte caso. Te conté historias de mí, de mi vida y de mis miedos; y tu escuchabas atento mientras algo dentro de mí se calentaba creando un sentimiento que a día de hoy aun me destroza. Me hablaste de ti, de tu infancia, de tus padres, pero se notaba que te incomodaba todo aquello. Entonces, te cambiaba de tema para que te sintieras bien, aunque yo me sintiese vacía por dentro. Porque no lo entendía, de aquellas aun no entendía cuál era el problema. No entendía porque no me dejabas escuchar tus anécdotas. A falta de las tuyas, yo te contaba millones, te conté mi vida, y lo que esperaba de ella. Tú me decías que necesitaba a alguien como tú, y yo me sentía plena al creer que los dos teníamos los mismos sentimientos, de que por fin alguien me tuviese en su cabeza. Hacíamos el amor día y noche, sin parar, y nos sentíamos en el jodido cielo. En la cama, en la ducha, en el sofá. No importaba donde mientras estuviésemos conectados. Era el único momento en el que te olvidabas de quien eras y te desinhibías de tus normas. Eras tú, y únicamente tú. No había uniformes de por medio, no había misiones que afrontar, no había normas que cumplir; solo éramos nosotros. Pero entonces terminábamos, y volvía aquel hombre frio y calculador, y la magia se rompía, como poco a poco mi corazón.

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