Insuficiente. Una palabra de doce letras, seis vocales y
seis consonantes. Una palabra que puede destruir a alguien. Una palabra que se
repite en mi cabeza desde que te fuiste. Desde que decidiste marcharte buscando
nuevos horizontes que te llenasen, que te hiciesen sentir completo. Como yo no
era capaz de hacerlo. Sé que me avisaste, que me advertiste de que tu vida era
el uniforme, de que tu vida era tu trabajo; pero yo decidí no escucharte, no
hacerte caso. Te conté historias de mí, de mi vida y de mis miedos; y tu
escuchabas atento mientras algo dentro de mí se calentaba creando un
sentimiento que a día de hoy aun me destroza. Me hablaste de ti, de tu
infancia, de tus padres, pero se notaba que te incomodaba todo aquello.
Entonces, te cambiaba de tema para que te sintieras bien, aunque yo me sintiese
vacía por dentro. Porque no lo entendía, de aquellas aun no entendía cuál era
el problema. No entendía porque no me dejabas escuchar tus anécdotas. A falta
de las tuyas, yo te contaba millones, te conté mi vida, y lo que esperaba de
ella. Tú me decías que necesitaba a alguien como tú, y yo me sentía plena al
creer que los dos teníamos los mismos sentimientos, de que por fin alguien me
tuviese en su cabeza. Hacíamos el amor día y noche, sin parar, y nos sentíamos
en el jodido cielo. En la cama, en la ducha, en el sofá. No importaba donde
mientras estuviésemos conectados. Era el único momento en el que te olvidabas
de quien eras y te desinhibías de tus normas. Eras tú, y únicamente tú. No había
uniformes de por medio, no había misiones que afrontar, no había normas que
cumplir; solo éramos nosotros. Pero entonces terminábamos, y volvía aquel
hombre frio y calculador, y la magia se rompía, como poco a poco mi corazón.
Has vuelto después de todo el dolor que tuve que soportar tras tu pérdida. Has vuelto después de todo el daño que causaste. Has vuelto después del caos en el que se convirtió mi vida. Te fuiste un día sin que nadie te lo pudiese, más bien te supliqué que te quedaras, que no me dejases sola frente a este mundo. Pero te marchaste, te fuiste sin mirar atrás, sin pensar en las consecuencias de tu huida. No hubo día en el que mi corazón no te echase de menos. Mi cabeza me pedía que siguiese adelante, pero este no quería. Hubo noches en que mi corazón lloraba mientras mi cabeza consolaba un dolor del que tu eras el causante. Aquellas noches, derivaban a días grises en los que más ojeras fueron el mejor complemento para la tristeza que sucumbía en mi interior. Los días se me hacían enteros porque mirase donde mirase, allí estabas tú. Te encontraba en todas partes. En las paredes de la habitación. En los programas del televisor. En las comidas con nuestros amigos. En todas partes. ...
Comentarios
Publicar un comentario