Todas las malditas veces

Se quedó esperando a que el semáforo se pusiese en verde, mientras que él marchaba calle abajo. Alejándose, yéndose. En un ultimo intento por retenerlo corrió hacia él, quería pararle, quería decirle tantas cosas. Pero tenía un nudo en la garganta que la oprimía, que la ahogaba. Las palabras no le salían, mientras veía como se alejaba en la oscuridad de la noche. Era tarde, había perdido la oportunidad de que se quedase, o quizá nunca la hubo.
El semáforo cambió de color dejando que los peatones cruzasen la carretera, pero ella no quería cruzar, no quería poner aún más distancia. Se quedó mirando aquel horrible color que la invitaba a irse, odiando todas las malditas veces en las que no dijo nada, en las que se quedó en silencio cuando deseaba que no se fuese. Al final acabó cruzando, dándose por vencida. Era hora de marcharse.

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