Miro el lienzo que lleva días delante de mí, está en blanco. Miro la paleta de colores, pero todos son grises, oscuros, negros. En ninguno de ellos veo la vitalidad de antes. La vitalidad de antes de que te marchases. Todos los colores que la componían te los llevaste en tus maletas, con tus cosas; con todas esas cosas que me hacían pintar. Solo me dejaste con una triste brocha y esos horribles colores que me persiguen desde entonces. 
Miro mis anteriores cuadros, todos tienen colores, todos te tienen a ti. Nunca había creído las historias sobre las musas, hasta que apareciste. Desde aquel día mis cuadros se llenaron de la vida que tú me dabas, de la alegría con la que me llenabas; pero desde tu marcha, todo vuelve a ser como antes. O peor. 


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