Un desierto entre tu y yo


Los camellos estaban agotados, el sol se estaba escondiendo por el horizonte; pero mi corazón me pedía continuar. Te habías marchado una mañana, te habían separado de mi por el color de la piel; cuando lo único que nos importaba eran los latidos de nuestros corazones. Desde aquel día te busco, te lloro y te suplico que vuelvas. Desde aquel día le pido a las noches estrelladas que me indiquen el camino, que me ayuden a encontrarte. Dicen que no es seguro, que no debería cruzar el desierto para buscarte, pero ellos no lo entienden. Ellos no comprenden que más daño me hace tu ausencia.
Un desierto se encontraba entre tú y yo, pero ni eso conseguiría que me rindiese, que me separase de ti.

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