Te observo desde el escritorio de la habitación. Duermes, duermes plácidamente. Duermes como alguien que se ha pasado la noche en vela, como alguien que se ha pasado la noche follando. Tus vaqueros hace horas que no sé dónde se encuentran. En cambio, tu camiseta adorna mi cuerpo mientras te observo. Mi ropa interior cuelga de la lámpara de la mesita de noche, decías que creaba un ambiente más romántico. Era tu excusa para poder follar como salvajes, como si no existiese un mañana aun que implicase tirar la ropa por los aires. Pero así era como vivíamos nosotros. Salvajes. Alocados. Siempre sin rumbo. Te observo dormir en la cama que compartimos y doy gracias a tu madre por comprarnos un colchón pequeño, así por las noches te tengo más cerca. Así por las noches sé que estás ahí.

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