Diferencias
Éramos tan diferentes. Veníamos de mundos completamente distintos.
Ella venía de su palacio en la Finca, mientras que yo… yo vivía el día a día. Sabía
que para mí no había futuro en el ella encajase, no podía arrastrarla a mi
mundo, a mi oscuridad.
Hubo un tiempo en el que nunca me importó no saber lo que era
querer a alguien, estar enamorado, vivir por y para alguien. Me parecían
tonterías, meros cuentos de hadas como los que leía una y otra vez mi hermana.
Pero entonces la vi.
Estaba preciosa bajo las luces de la discoteca, con aquel vestido
blanco que desde aquel monto supe que sería mi perdición. Parecía un ángel en
aquella sucia y mal oliente fabrica del extrarradio. No podía apartar la mirada
era un ser de luz que hipnotizaba.
Desde aquella vez no volví a separarme de ella. Me sentía atraído
como un jodido imán. Solo con verla una ola de calor inundaba mi cuerpo, reconfortándome.
Cuando me besaba alcanzaba el cielo. Cuando me hundía en ella me sentía el
jodido Dios. Nunca creí poder sentirme en casa, sentir que había un hogar, con
una persona, con ella.
Todo era perfecto, encajaba en mi destartalada casa, en mi
disfuncional familia, en mi vida. Pero siempre supe que aquello, no odia ser
para siempre. Aun que lo desease, aunque mi corazón se desgarrase ante la idea
de perderla; yo no era merecedor de semejante luz. No era merecedor de ella.
Sé que todavía me odia. Sé que todavía le duele. Sé que todavía
llora mi ausencia y me mata. Me mata saber que no sonríe por mi culpa. Pero
también sé que algún día ese dolor pasará y encontrará a alguien de su mundo. A
alguien que la pueda dar todo lo que yo no pude, aunque eso me destroce por
dentro.
Éramos tan diferentes. Veníamos de mundos completamente distintos.
Quizá por eso, no consigo olvidarla. Quizá por eso, desde su archa ya nada me
parece suficiente. Quizá nunca deje de echarla de menos. Quizá nunca deje de
quererla.
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