Aquel viejo sofá

Miro el viejo sofá que ahora yace junto al contenedor. Es de dos plazas, casi no teníamos sitio cuando venían visitas; pero nosotros conseguíamos acoplarnos. Es de un color verde espantoso, que nunca encajó con la decoración de la casa; pero no importaba. Era nuestro. 
Miro el viejo sofá que ahora yace junto al contenedor, donde compartíamos una vida juntos. Sonrisas. Caricias. Besos. Muchos besos. Allí te desnudé por primera vez y ya nunca dejé de hacerlo. Te dije que te quería mientras tu discutías con la play. Vimos nuestra primera película, aunque solo viésemos diez minutos. Todas las buenas noticias nos las contábamos en aquel viejo sofá. Cuando te ascendieron en el trabajo. Cuando tu madre salió del cáncer. Cuando mi hermana volvió con su novio. Cuando nos dimos cuenta de que queríamos estar juntos. 
Miro el viejo sofá que ahora yace junto al contenedor, y las lágrimas ruedan por mis mejillas. Aquel viejo sofá fue testigo de cómo un día dijiste que en tu interior ya no había amor. Fue testigo de cómo cerrabas la puerta del apartamento sin mirar atrás. Me pasé horas llorando en él, recordando, reviviendo todos los buenos momentos que habíamos compartido. 
Miro el viejo sofá que ahora yace junto al contenedor, y ahora sé que es el momento. Ha llegado la hora de decirte adiós. 

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