Tu boca


Me volvía loco besarte. Saborear aquellos dulces labios. Sabias a fresas, a manzanas, a frutos rojos… a la fruta prohibida. Me encantaba su estructura, el de abajo más relleno que el de arriba, pero lo mejor era la forma de corazón. Eran tentadores, arrebatadores.
Esa boca me volvió loco en el primer momento en el que vi cómo me sonreías. Tu sonrisa era preciosa. No era una sonrisa de anuncio, tenía sus defectos, pero eso la hacía perfecta. Única. Era tan cálida que cada vez que me sonreías me sentía el hombre más afortunado del mundo. Era como montar en una montaña rusa y superar el vértigo; porque eso es lo que yo sentía cuando estaba contigo. Vértigo. Miedo. Terror. Me daba miedo que algún día dejases de dedicarme esas sonrisas, que ya no fuesen por mí.
He besado muchos labios. He saboreado. He mordido. He visto. Pero ninguna era comparable con tu boca. Era como besar el cielo. Como un día de verano. Como un caramelo para un niño. Más de una vez he intentado explicar la sensación que era besarte, pero me llamaban loco por decir que era una puta maravilla.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya hay alguien esperándote

Las caras de una moneda