No lo vi venir


Era una tarde de invierno. Una de esas en las que preferirías estar en casa que en la calle, pero aun así allí estas pasando frío. Un frío de cojones, de esos que te congelan hasta los dedos de los pies, pero entonces apareció. Llevaba un gorro de lana que no encajaba muy bien con su vestimenta de chica formal y adulta. Yo creo que fue una de las razones por las que me quede embelesado, ese gorro, la hacía tan frágil y a la vez tan dura. Desde ese instante me di cuenta de que todas aquellas cosas que pensaba sobre caer en el amor eran una tontería, no había manera de evitarlo. No se podía luchar contra ello. Me pilló desprevenido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya hay alguien esperándote

Las caras de una moneda