La odio. La odio como nunca creí que se podía odiar a alguien. Odio su risa, como llenaba de sonido mi destartalada casa. Odio sus labios, como formaban aquella sonrisa perfecta cada vez que me tenía cerca, cada vez que la tocaba. Odio sus ojos, como me miraba sabiendo que veía más allá de lo que quería que viese. Odio su pelo, como se veía esparcido por mi almohada cada vez que dormía junto a mí.
Odio todo de ella. Odio odiarla. Odio quererla. Odio echarla de menos, pero más me odio a mí por perderla. La odio por haberse marchado, me odio por haber dejado que se fuese, sin luchar sin impedírselo. La odio porque ya no puedo tenerla. La odio porque ya no volverá a ser mía.
Pero me odio por odiarla. Me odio por quererla. Me odio por haberla perdido. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya hay alguien esperándote

Las caras de una moneda