Éramos un desastre. No hacíamos nada bien juntos, salvo discutir y  follar. Discutíamos tanto, tan fuerte, tan alto, que a veces, volaban palabras de las que más tarde, nos arrepentíamos. Follábamos duro, fuerte, como dos salvajes. Intentábamos solucionarnos a base de polvos, a base de no hablar. Nos conocimos en la tierra, pero siempre nos sentimos de mundos distintos. Hay veces en las que me sorprende que todo acabase, que las cosas llegasen a poner tan difíciles. Tan complicadas que un polvo solo nos hería mas, que una caricia siempre parecía la última. Vivíamos con el miedo a derrumbarnos, a que uno de los dos le pusiese fin, pero ninguno quería. Aun que acabo ocurriendo, pasamos de pillarnos a querernos olvidar, de suspirar bajo las sabanas a no querernos ni hablar. De querernos sin parar a no soportarlo más.

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