Éramos un desastre. No hacíamos nada bien juntos, salvo discutir y follar. Discutíamos tanto, tan fuerte, tan alto, que a veces, volaban palabras
de las que más tarde, nos arrepentíamos. Follábamos duro, fuerte, como dos
salvajes. Intentábamos solucionarnos a base de polvos, a base de no hablar. Nos
conocimos en la tierra, pero siempre nos sentimos de mundos distintos. Hay
veces en las que me sorprende que todo acabase, que las cosas llegasen a poner
tan difíciles. Tan complicadas que un polvo solo nos hería mas, que una caricia
siempre parecía la última. Vivíamos con el miedo a derrumbarnos, a que uno de
los dos le pusiese fin, pero ninguno quería. Aun que acabo ocurriendo, pasamos
de pillarnos a querernos olvidar, de suspirar bajo las sabanas a no querernos
ni hablar. De querernos sin parar a no soportarlo más.
Has vuelto después de todo el dolor que tuve que soportar tras tu pérdida. Has vuelto después de todo el daño que causaste. Has vuelto después del caos en el que se convirtió mi vida. Te fuiste un día sin que nadie te lo pudiese, más bien te supliqué que te quedaras, que no me dejases sola frente a este mundo. Pero te marchaste, te fuiste sin mirar atrás, sin pensar en las consecuencias de tu huida. No hubo día en el que mi corazón no te echase de menos. Mi cabeza me pedía que siguiese adelante, pero este no quería. Hubo noches en que mi corazón lloraba mientras mi cabeza consolaba un dolor del que tu eras el causante. Aquellas noches, derivaban a días grises en los que más ojeras fueron el mejor complemento para la tristeza que sucumbía en mi interior. Los días se me hacían enteros porque mirase donde mirase, allí estabas tú. Te encontraba en todas partes. En las paredes de la habitación. En los programas del televisor. En las comidas con nuestros amigos. En todas partes. ...
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