A salvo


Cuando se ausentaba de casa. Cuando no volvía pronto a casa. cuando no cogía mis llamadas. Cuando no contestaba a mis mensajes. Sentía miedo, terror, angustia. Deseaba salir a buscarla, a mi hija, mi pequeña. Veía en las noticias tantos titulares sobre el daño que nos hacían que se me formaba un nudo en el estómago cada vez que la veía salir por la puerta. Era tal el pánico que vivía en mi interior, que la esperaba despierta y no dormía hasta que oía la puerta. Entonces, llegaba a casa. Feliz, hablando y lo más importante, viva. Mi pequeña estaba sana y salva en casa.



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