Reencontrarnos
Hoy he vuelto a caer. A caer de nuevo en sus redes, como una
mosca en sus telarañas. Allí estaba ella, tal como la recordaba, sonriente.
Evité mirarla, pero un poder más grande que mi voluntad, me hizo girarme hacia
ella. Allí estaba, tan jodidamente guapa como siempre. No pude volver a apartar
la mirada. La recorrí de pies a cabeza, de cabeza a pies.
Sus pequeños pies, envueltos por unas delicadas sandalias
blancas. Al mirarlos aun podía escuchar como reía cuando le hacía cosquillas.
Aquel sonido todavía me tortura llevándome a un tiempo en el que lo tuve todo,
peor no fui consciente hasta que no deje de escuchar esa risa, ese dulce
sonido.
Hoy he vuelto a caer. Se encontraba allí, en nuestro bar. No
había vuelto a entrar desde que ella se había marchado. No me había atrevido,
pero hoy, hoy algo me había empujado a hacerlo, a entrar. A encontrarla.
Sus largas piernas con las que me había rodeado la cadera un
millar de veces, mientras le hacia el amor. Mientras la hacía mía. Desde que se
marchó no he vuelto a sentirme cobijado, como me sentía entre sus piernas.
Hoy he vuelto a caer. Estaba sentada en nuestra mesa. La
mesa que nos había visto amarnos y odiarnos. La mesa donde los sueños se habían
hecho realidad. Le mesa donde nos habíamos despedido.
Aquellas manos que conseguían enloquecerme, encenderme,
quemarme. Me daba la mano y yo ya no necesitaba más. No necesitaba otra cosa
que no fuese tenerla a mi lado. Siempre soñé con que aquellas manos llevasen
mis anillos. Ahora, llevaban los de otro.
Hoy he vuelto a caer. Llevaba un vestido negro y me alegré
porque siguiese vistiendo de aquel color. Aun recordaba la ropa que había
dejado en mi armario. Negra. Oscura. Contradictoria. Había veces en las que me
preguntaba porque alguien como ella, vestía colores tan oscuros. Pero entonces,
sonriera y lo entendía.
Echaba de menos sus delgados brazos, sus fuertes abrazos. Aquellos
con los que me rodeaba cuando dormía. Aquellos con los que me buscaba cuando tenía
pesadillas. Aquellos con los que me dio un último abrazo.
Hoy he vuelto a caer. Me pilló mirándola en intente apartar
la mirada de aquellos ojos. Pero no fui capaz. En sus ojos leí un montón de emociones
distintas. Dolor. Anhelo. Amor. Deseo. Y mucho miedo.
Mire su boca. Aquella boca que me había dicho que me quería.
Aquella boca me había hecho cruzar los limites. Aquella boca que había besado
tantas veces, que me la sabia de memoria, aquella boca que me había destrozado
al decirme que no podíamos seguir juntos, que ya no iba a besar esos labios.
Hoy he vuelto a caer. La vi levantarse en mi dirección y
deseé correr. Huir de aquel local, huir de ella, de lo que tuviese que decirme.
En mi mente me había imaginado millones de veces aquella escena, en la que ella
al fin volvía a mí, pero sabía que no era más que un loco pensando que la
merecía. Ella era el oro que tanto deseaban los piratas. La última gota en un
enorme desierto. Cuando la tuve delante no pude evitar quedarme prendado con
sus facciones, seguía igual, pero a la vez, más hermosa. Mi corazón bombeaba
sin parar, y mis manos sudaban a la par.
—Te he echado de menos – susurró y mi mundo se tambaleó. Lo
que creía que había sido vida desde su marcha, volvió a cobrar sentido.
Comentarios
Publicar un comentario