Mamá


 Me llamarán para que baje a cenar en familia, porque eso es lo que hacemos. Fingimos que todo sigue igual, que nada ha cambiado; cuando ahora todo es distinto, diferente. Mamá te has ido, y todo sabemos que no volverás, que no hay milagro que lo pudiese conseguir; por mucho que lo haya deseado.  Sé que te prometí que sería fuerte y que cuidaría de todos, de papá, de Olga; y de también de mí. Pero prometértelo fue fácil, porque estabas allí para darme fuerzas. Pero ya no estas.
Todas las noches salgo al tejado y te busco entre las estrellas, para que me des fuerzas. A veces lloro, y otras, te grito por irte, por marcharte. Me enfado por tu ausencia, pero también sé que no tienes la culpa.
La cena pasa como siempre desde que te marchaste. Olga juega con los guisantes, mientras le da pan por debajo de la mesa al perro. Ella es así, asumió rápido que ya no ibas a estar; y te lloró durante días; pero ya está bien. En cambio, papá finge que todo va bien, que las cosas van a mejorar; mientras observa la silla que ocupabas con los ojos acuosos. Sé que intenta demostrar que es fuerte, pero no sabe que le oigo llorar todas las noches. Llora como quien tiene el corazón roto, pero sabiendo que nunca se repondrá.
Hace ya un mes que te has marchado, pero eso no lo hace más fácil. Cumpliré con tu promesa, papá y Olga, siempre estarán bien.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ya hay alguien esperándote

Las caras de una moneda