La larga espera
Los árboles del parque comenzaban a perder sus hojas, mientras la
muchacha esperaba sentada en el banco. Llevaba horas allí puesta, con la mirada
perdida hacia la puerta. Parecía que veía más allá de las verdes verjas. El
verano había sido testigo también de su espera, dando paso a un otoño frío, en
el que ella seguía allí, quieta, esperando. Su cara cada día reflejaba menos
esperanza, pero, aun así, allí estaba. Todos los días. Nadie se atrevía a
sentarse en aquel banco, aun que llegasen antes que ella, no querían molestarla
y que se rompiese. Porque todo el mundo, sabia y estaba esperando, a que
aquello pasase. A que en algún momento rodase una gota por aquellas pálidas
mejillas, ahora enrojecidas por el frío otoño. A que la esperanza que se veía
reflejada en su rostro, al fin se diese cuenta de que nadie iba a venir. A que
su corazón aceptase que lo habían dejado solo, que tenía que seguir su camino,
que tenía que dejar aquel banco y volver a la vida. Aunque doliese.
Comentarios
Publicar un comentario