Con el viento
Siempre había creído que las cosas se las llevaba el viento, que se encargaba de ayudarte a eliminar el dolor. Pero estaba equivocado, desde que te has marchado solo hace que recordarte.
Veo cómo se lleva las hojas que caen de los árboles en
otoño. Veo como arrastra a la marea trayendo nuevos tesoros. Veo como empuja a
las nubes a marcharse. Sin embargo, tu recuerdo sigue atormentando en mi pecho,
como si hubiese sido ayer mismo. El tiempo ha transcurrido, el viento ha hecho
de las suyas limpiando el cielo y el suelo, ero mi corazón no lo limpia.
Aún recuerdo aquella tormenta. El aire soplaba con todas sus
fuerzas, chocando contra las ventanas. Pensé que aquel, al fin, sería el día.
El día en que me arrancaría el dolor y desaparecería con el viento. En cabio,
cada vez que chocaba contra el cristal me susurraba tu nombre. Un nombre que no
quería escuchar. Un nombre que me hacía desgarrarme por dentro del dolor que me
causaba. Aquella tormenta, la pasé llorando por tu recuerdo, porque nadie me
ayudaba a superar este dolor. Desde aquel día, rezo porque no vuelva a
atormentarme de nuevo. No podría soportarlo.
Sé que ha pasado tiempo desde tu marcha quizá tú ya no
recuerdes ni mi aspecto, pero yo no consigo deshacerme del dolor que acuna en
mi pecho. Un dolor tan intenso que no me deja dormir por las noches, que no me
deja seguir adelante, que no me deja olvidarte.
Mamá siempre dijo que las cosas malas curaban con el tiempo,
pero nunca especificó cuánto. Y quizá, ese sea el problema, que pensamos que
todo lo cura. Desde que te fuiste han pasado días, semanas meses; y sigue
doliendo como si te hubieses marchado hoy. Como si hace dos horas te tuviese
conmigo todavía. Desde que te fuiste he hecho cambios en mi vida para no
acordarme de ti, pero no funciona. Borré tu número de mis contactos para no llamarte,
pero me lo había aprendido de memoria. Cambié de peinado, pero me eché a llorar
cuando no estabas tu para enseñártelo. Empecé a leer nuevas historias, pero
todos tenían el final que tu y yo jamás tendríamos.
Hay días en los que le proclamo a un cielo, que me observa
desde arriba, que me deje olvidarte. Hay días en los que todo se me hace cuesta
arriba, y ya no estás tú para sacarme de la cama. Hay días en los que caigo en
la oscuridad de este dolor, y ya no estás tú para darme la mano y salir.
Hoy el viento esta calmado, pero sé que no puedo bajar la
guardia porque entonces llegará el momento. El momento en el que decida
castigarme y me susurre tu nombre sin parar. El momento en el que me torture
con tu recuerdo. El momento en el que vuelva para reírse de mi por no conseguir
olvidarte.
Y es que, es verdad. No consigo olvidarte. Culpo al viento
por ello, cuando sé que no tiene la culpa. La culpa es mía y de mi dolorido
corazón, que se aferra a tu recuerdo cuando sabe que hacerlo quema. Y no hay
cura para las quemaduras que me causa.
Se que debo enfrentarme a él, pero mi corazón siempre gana
la batalla, se ha vuelto caprichoso y no quiere olvidarte. No quiere superar el
dolor, porque aún espera que vuelvas.
Aun espero que vuelvas con el viento.
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