Azul cielo


Allí estaba, subida a una roca que se encontraba en la costa. La observaba todas las mañanas sumergirse en las aguas cristalinas de aquel océano. Deseaba correr hacia ella. Sumergirme en aquellas aguas. Nadar con los peces. Hacerle el amor en la arena y volvérselo a hacer en el agua. Besar su piel tostada por el sol.Cada mañana tenía que convencerme a mí mismo para no salir corriendo a la playa y contemplarla. No la conocía. Nunca la vi fuera de aquella playa, pero cada verano parecía que la trajese la marea y yo me sentía arrastrado, por su belleza, a mirarla. Parecía una sirena de esas de alta mar. Nacidas para hacer perder la cabeza a cualquier marinero y llevarles hasta el fondo del mar donde les devoraban, como yo deseaba devorarla a ella.Hoy era el día en el que había decidido dar el paso y lanzarme. La tenía a tan pocos pasos. Estaba preciosa con el bikini azul cielo y la arena pegada a su cuerpo, como una segunda piel. Me miró y me sentí morir, me ahogué en aquellos ojos del color del océano y no deseé que me salvase nadie que no fuese ella.  

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