Al otro lado
Y es ahí cuando te das cuenta de
que todo se ha acabado, de que no existe un final feliz para todo el mundo, de
que todas esas historias que has leído en los libros te hacen creer que puedes
conseguir el amor que se consigue en ellos. Pero lo que no te cuentan es, que
cuando crees que lo has conseguido, cuando crees que ya no habrá más piedras
por el camino, más obstáculos que te impidan ser feliz de una vez por todas, se
desvanece. Se va. Desaparece.
No hay una explicación razonable,
ni si quiera una explicación que tenga lógica de porque nos mienten haciéndonos
creer que podemos ser tan afortunados como Romeo y Julieta, que murieron por el
amor que se procesaban el uno al otro, cuando en realidad no llegaremos ni a su
sombra. Jamás tendremos un amor puro y sincero ya que, para ello, deberíamos
dejar de intoxicarnos con lo que tenemos a nuestro alrededor.
Lo peor del amor es el
autoengaño, pero en él caemos todos. Nos engañamos a nosotros mismo de que la
persona que hemos encontrado es la
persona, aquella que hará que nuestro mundo vibre; pero seguramente lo unido
que vibre serán nuestros móviles tras los miles de llamadas de aquellos amigos
que iremos dejando en el olvido por someternos al enamoramiento. Una vez que ya
hemos conseguido auto engañarnos tanto de que realmente creemos y estamos
convencidos de que esa persona es la correcta empieza una etapa en la que
vivimos para dar y recibir amor, siempre sonriendo, siempre riendo. Es la mejor
parte de todo esto, esa parte que crees que jamás acabara, en la que las
discusiones se acaban con besos y los besos en polvos esporádicos hasta caer
rendidos en el sofá. Es una etapa bonita y de la que siempre estamos orgullosos
de hablar con nuestros amigos cercanos cuando nos preguntan por nuestra relación.
Lo peor es, que, aunque la relación sea de dos personas, siempre habrá uno que
este más enganchado, más pillado, más enamorado, siempre habrá uno que quiera
más, que ame más, que dé más. Y ese, será el que más sufre. El que peor lo
pase. El que más cicatrices tendrá al final. El amor es una mierda. Uno dejara
al otro, y ese otro no lo asumirá, no podrá creer que lo ha perdido, vivirá con
la esperanza de que un día llame a su puerta arrepentido y todo vuelva a la
normalidad de la etapa bonita, y es que, es así como acaba, no hay una
colchoneta que haga que suframos menos. La caída es estrepitosa y no podemos
evitarla. Caeremos sin paracaídas. Sin nada que nos sujete. Sin nadie que nos salve.
¿y qué haces cuando lo has dado todo?
¿cuándo ya no te queda nada? ¿cuándo te quedas vacío? Dime, ¿qué haces? Porque
eso es lo peor que te puede ocurrir, el después. Cuando lo has perdido todo en
un abrir y cerrar de ojos, en un simple y estúpido pestañeo del que te arrepentirás
toda tu vida porque quizá si no hubieses pestañeado no te hubieses quedado vacío.
Que hacer es una de las preguntas más difíciles que te haces, porque no tienes más
respuesta que echarte a llorar una y otra vez, sin parar. Sin nadie que te diga
que todo va a salir bien, porque te dirán que todo se supera, claro que sí, pero
ellos no están en tu piel. No han visto cómo te matabas a hacer feliz a una
persona, como la anteponías, ante todo, como sonreías cuando estaba contenta,
como reías cuando creías que eras la persona con más suerte del mundo por
tenerle a tu lado. Ellos solo verán los ríos de lágrimas que saldrán de tus
ojos, sin parar, como aguacero inundándolo todo; cuando lo peor es que tú te
estas ahogando por dentro. Te dirán que todo pasa, que la vida a veces nos
cierra puertas, pero se abren otras nuevas, pero, ¿Por qué ibas a querer tu
abrir otras cuando ya eras feliz en esa habitación? Y entonces aporrearás la
puerta una y mil veces, sin cansarte, con la esperanza de que se vuelva a abrir
y puedas volver a ser feliz. Entonces un día, después de reventarte los
nudillos de golpear hasta la saciedad, de noches en vela llorando su nombre y
de mañanas ojerosas por no haber podido conciliar un sueño profundo por miedo a
que se abriese la puerta en algún instante y no estuvieses allí para entrar,
empezarás a lamerte las heridas, a dormir más porque habrás descubierto que es
la única forma de volver a tenerle a tu lado, porque los sueños son tuyos y por
suerte son lo único que no pudo quitarte. Pero aun que ya no aporrees la puerta
como un loco seguirás sin una respuesta a la pregunta porque seguirás sin tener
ni puta idea de que hacer ahora, porque seguirás vacío, incluso más que antes
ya que habrás llorado todos los recuerdos que tenías y no te quedará nada.
Quizá algún día, con el paso del
tiempo, consigas pasar por el marco de la puerta y ver lo que te deparará el
futuro, un futuro que por el momento solo veras tan vacío como estés. Y quizá
también algún día, puede que te des cuenta que tu no tuviste culpa de nada. Y
quizá también, vuelvas a mirar a alguien e imaginar nuevas historias.
Entonces y solo entonces, sabrás
que hacer.
Una vez que lo sepas todo será más
fácil, más sencillo, pero a la vez perderás mucho. Te perderás a ti mismo, serás
alguien completamente nuevo ya que habrás dejado atrás todo lo que eras cuando
estabas con él. Te habrás cubierto con una coraza invisible para que nadie
vuelva a lastimarte, para que no vuelvan a hacerte daño; porque ese será tu
mayor miedo. Te asustará tanto quedarte vacia de nuevo que construirás unas
barreras de los materiales más fuertes que haya en el mercado de la mente, unas
barreras que te harán tan bien como mal. Harán que te vuelvas reacio al
contacto, porque no querrás que te vuelvan a tocar al no tratarse de sus manos;
que te vuelvas frio, pensaras que tu vida no merece alegría porque no está él
para proporcionártela; que te hagas desconfiado por temor a volver a poner tu
magullado corazón en manos de alguien que vuelva a rescrebrajartelo; incluso te
volverás ausente ya que tu mente viajará una y mil veces a tus recuerdos más
oscuros para torturarte con lo que tenías y lo que perdiste.
A veces sentirás que no puedes más, que la
situación te supera, que no volverás a ver el cielo de nuevo estrello, te sentirás
débil al haber perdido a tu punto de apoyo; pero es falso. Tu único punto de
apoyo es y serás tú mismo. Tú y nadie más. Puede que a veces le cedas el puesto
temporalmente a alguien, pero siempre serás tú. A veces le traspasarás tanto
tiempo el lugar a alguien que el día que te lo devuelva no sabrás que hacer, no
sabrás como se hacía y puede que te suponga un gran inconveniente volver a
ponerte al volante de tu vida. Es como montar en bicicleta, una vez que vuelvas
a pedalear ya no pararás. Veras que aquella debilidad que creías tener solo era
tu fuerza renovando energías para seguir adelante. Como siempre has hecho.
En el momento que vuelvas a sonreír,
pero de una manera sincera, no aquella sonrisa que usas como escudo, ante todo.
En el momento en el que rías hasta que te duela la barriga y se te salten las
lágrimas. En el momento en el que disfrutes de los nuevos rayos de sol
incidiendo sobre tu pálida piel. En el momento en el que vuelvas a cantar una
canción sin que ésta te devuelva a un tiempo que trae malos recuerdos. En el
momento en el que dejes de compartir tus sueños con los fantasmas del pasado.
En el momento en el que tu corazón vuelva a latir sin que se le salte ningún
latido al oír su nombre. En ese momento. Ese sencillo instante. Te darás cuenta
de que lo has logrado. Has llegado. Has conseguido cruzar y has cerrado la
puerta.
Al fin, te encuentras al otro
lado.
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