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Mostrando entradas de noviembre, 2019

Adictivo

Habían pasado días, semanas o quizá meses. Nos veíamos poco, con intervalos muy largos de tiempo en los que me moría por saber de él, pero nunca contestaba. Hoy era un día de esos, esos en los que me pasaba el día mirando la pantalla de mi teléfono esperando un mensaje, una señal, algo que me indicara que todo aquello no era en vano. Que todo aquello cobraría un sentido con el tiempo. Tenía miedo de admitir que no había un doble fondo, y que todo aquello era lo único que me podía, o quizá quería, ofrecerme. Me negaba a verlo, no quería matar las mariposas que se arremolinaban en mi estómago en nuestras citas. Aquellas citas en las que me llevaba a dar de comer a los patos, a bailar por mitad de la calle con zapatos de claqué, a comer un simple helado sentados en cualquier banco de un parque. No hacíamos nada extraordinario, nada de película con la que mi corazón pudiese confundirse. Pero aquella sencillez, aquella facilidad que él tenía para hacer que cualquier cutre plan se convi...
Insuficiente. Una palabra de doce letras, seis vocales y seis consonantes. Una palabra que puede destruir a alguien. Una palabra que se repite en mi cabeza desde que te fuiste. Desde que decidiste marcharte buscando nuevos horizontes que te llenasen, que te hiciesen sentir completo. Como yo no era capaz de hacerlo. Sé que me avisaste, que me advertiste de que tu vida era el uniforme, de que tu vida era tu trabajo; pero yo decidí no escucharte, no hacerte caso. Te conté historias de mí, de mi vida y de mis miedos; y tu escuchabas atento mientras algo dentro de mí se calentaba creando un sentimiento que a día de hoy aun me destroza. Me hablaste de ti, de tu infancia, de tus padres, pero se notaba que te incomodaba todo aquello. Entonces, te cambiaba de tema para que te sintieras bien, aunque yo me sintiese vacía por dentro. Porque no lo entendía, de aquellas aun no entendía cuál era el problema. No entendía porque no me dejabas escuchar tus anécdotas. A falta de las tuyas, yo te conta...
Tu vida se resumía en trabajar, en conseguir tus metas, en lograrlo todo. En ser el mejor. No tenias tiempo para más, para nadie más. No cabía nadie más, no había sitio para más, no había sirio para mí. Pero, yo ya te había hecho hueco en mis cajones, yo ya había hecho hueco en mi corazón. Un hueco que te negaste a rellenar, un hueco que sigue esperando a que lo completes.