El príncipe y la princesa comieron perdices, pero nadie nunca se preguntó que había ocurrido con todos aquellos que dejaban atrás. Todos los corazones que latían por ellos sin que nadie lo notase. Como las hermanastras de Cenicienta, que a nadie le importó que las rompiesen el corazón. Como Gruñón que detrás de toda aquella hostilidad su corazón se derretía con Blancanieves. Como el lobo cuando la tierna Caperucita jugó con él. Todos ellos quedaban destrozados con aquellos finales de cuento. Ellos nunca comerían perdices, y mucho menos tendrían un final así. Habían quedado recluidos como los malos de las historias, como los segundos, los perdedores; pero ellos también tenían corazón. También tenían derecho a su final feliz.
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Mostrando entradas de septiembre, 2019
Aquel momento
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Los fuegos artificiales acababan de comenzar. Un millar de lucecitas de colores se extendían por el cielo, como una explosión del arcoíris. Ella miraba embelesada como la oscuridad del cielo se llenaba de colores. Sus ojos brillaban a la par que los fuegos. Era una maravilla, no podía dejar de mirarla. Tenía las mejillas sonrojadas por el frío de la noche, pero había insistido tanto con verlos que no pude negarme. Nunca podía negarle nada. Llevaba mi chaqueta puesta y creo que nunca la había visto más sexy. Con la cara llena de reflejos de colores. La plaza estaba llena de familias, de niños, de jóvenes con vasos; pero yo solo tenía ojos para ella. No quería que aquel momento terminase, sabía que cuando ocurriese la magia se rompería. El momento terminaría, y ya no podría contemplarla. La miraba como un niño mira un dulce, como un adolescente mira a su ídolo, como un pobre enamorado mira a la razón por la que todo cobra sentido. Ese era yo, porque todo cobró sentido en aquel mome...
El aeropuerto
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El Aeropuerto estaba bastante concurrido, era la normal cuando grupos de las fuerzas especiales regresaban a casa. Venían de cualquier misión que seguro les tenía en vela los siguientes meses, pero cuando veían a sus seres queridos algo se iluminaba en ellos. Como si todo lo malo se evaporase por unos instantes. Como si todo lo que hubiesen visto en aquellos terribles destinos desapareciese. Miraba a los niños con sus padres esperar en la puerta de salida, estaban entusiasmados por ver a sus progenitores. Yo sonreía por esa felicidad que sentía al verles, pero pronto recordaba que detrás de esa puerta no había nadie para mí. Hacía meses que venía al aeropuerto todos los días. Muchos de los trabajadores de allí, ya me conocían y me miraban con lastima. La misma lastima con la que me miraba yo en el espejo y veía que tu no estabas. Los militares empezaron a salir y las familias corrieron a recibirlos. El espacio se llenó de una atmosfera feliz que a mí me ahogaba, pero era masoquista q...