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Mostrando entradas de agosto, 2022

Una mañana de finales de agosto

A día de hoy aún no sé si he terminado de llorarte o si he empezado a hacerlo. Hay noches en las que las estrellas me aprisionan sobre el colchón para reproducirme una y otra vez la vida que tuvimos juntos, la vida que me diste. Sin embargo, cuando llega el día no te pienso, no te lloro, no te recuerdo. Solo apareces cuando el sol se esconde, cuando las luces se apagan, pero no se me derraman las lágrimas cuando llegas.  Noto la sensación de vacío que dejaste, el síndrome del miembro invisible, el hueco en la cama que ya nadie ocupa. También soy consciente de que ya nunca hay dos platos, dos vasos, dos tenedores; de que ya no estás.  El día que te marchaste, que recogiste las cosas que guardabas en mis cajones, en mi corazón, preparé cajas y cajas de pañuelos esperando. Esperé durante horas a que las lágrimas cayesen de mis ojos, a que explotase el diluvio en el que se convertiría mi habitación tras tu marcha. Pero no sucedió, los clínex continuaron secos, sin que nadie pe...